¿Y dónde no hay cámaras?

Publicado: enero 21, 2014 en Comunicación Política, Series, Uncategorized
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* Incluye spoilers de la serie Scandal

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Fitz Grant y Olivia Pope, protagonistas de Scandal /
Foto ABC.com

¿Estoy preguntando dónde no hay cámaras? Quien habla es el nuevo presidente de Estados Unidos. No recibe  respuesta de Tom, su escolta, pero será la residencia de Camp David y no la Casa Blanca el nido de amor de Fitz Grant con su asesora Olivia Pope. Son los protagonistas de Scandal. Ella es una prestigiosa asesora y entre sus clientes se encuentran políticos, millonarios y personas influyentes de Washington. De fondo, su tormentosa relación de con el presidente de los Estados Unidos. En la serie llegamos a ver a un presidente desquiciado, cegado por la pasión, que no duda en escaparse de la Casa Blanca para estar con su amor imposible poniendo en jaque a los servicios de seguridad y haciendo perder los nervios a Cyrus Beene, el Leo McGarry de la Administración Grant.

Y mientras, al otro lado del Atlántico pero en la vida real, el presidente de Francia, François Hollande, ha sido sorprendido este mes en pleno ‘affaire’. Sus fotos saliendo del piso de la actriz Julie Gayet han dado la vuelta al mundo en las últimas semanas. La todavía primera dama , Valerié Trierweiler, tuvo que ser hospitalizada tras conocer la supuesta infidelidad desvelada por la revista Closer, una revista del corazón.

Los franceses no consideran un asunto de Estado la vida privada de Hollande. De ellos no les ha pillado de nuevas porque casi todos sus presidentes han protagonizado historias similares. Según una encuesta del diario francés Le Journal du Dimanche, más del 77% considera que es un asunto que sólo atañe a Hollande y no variará su imagen de él para la gran mayoría, por cierto bastante deteriorada. Aunque parece que no le va a pasar factura política, sus amoríos coparon la atención de la última rueda de prensa del presidente francés y, al ser preguntado por esta cuestión, lo zanjó diciendo que los “asuntos privados, se tratan en privado”. Como no podía ser de otra forma.

 

Sin embargo, sí ha suscitado un amplio debate la seguridad del presidente francés. Como mínimo es chocante que un jefe de Estado se escape de El Elíseo viajando de paquete en una moto conducido por un único escolta, un método al que todavía no ha recurrido Fitz Grant aunque todo se andará. Y más todavía que se viera con su nuevo amor en un piso indirectamente relacionado con la mafia corsa.  ¿Preocupa más la seguridad de un líder mundial que su vida sentimental? Es obvio que sí, basta pensar en la cara que se le quedó al vigilante de la Casa Blanca cuando ve venir a Kevin Kline y a Sigourney Weaver, presidente y primera dama respectivamente en Dave, presidente por un día, al volante de su propio coche, sin escoltas ni caravana.

Portada revista Closer / Foto AP

Portada revista Closer / Foto AP

Últimamente renunciar a una escolta traslada una imagen de cercanía. Lo ha hecho el Papa Francisco en algunas ocasiones y se le ha elogiado por este tipo de gestos. Sin embargo, nadie concibe que, en la época donde las agencias de seguridad lo controlan todo, un presidente se pueda a escapar a escondidas para ver a su amada. Gracias a la lealtad y al secreto profesional de los guardaespaldas, se dan situaciones tan rocambolescas como la de Hollande, que cuando acaban saliendo a la luz realmente tienen más efecto en la prensa rosa que en la política. Lo más probable es que Hollande pueda sobrellevar esta crisis como lo hicieron sus antecesores Sarkozy, Chirac o  Mitterrand.

Como bien dice Antonio Gutiérrez Rubi en su artículo ‘Público, privado, íntimo’ a los gobernantes debe juzgarseles por las consecuencias de los actos públicos, la esfera privada pertenece a cada uno. Otra cosa es que la vida de un jefe de Estado sea un vodevil, caso de Berlusconi, o que con dinero público se paguen excesos o excentricidades tipo cacería en Botsuana, que de todo hay. En la lista de infidelidades presidenciales figuran nombres ilustres como Bill Clinton o JFK. Si subimos el nivel y nos fijamos en la realeza la historia del príncipe Carlos y Camila Parker ocupará siempre un lugar destacado.  Los diferentes líos amorosos de los líderes mundiales han llenado ríos de tinta y han dgenerado cientos de chismes y bromas. De momento, a Hollande ya le han dedicado un videojuego, en el que va esquivando paparazzis y antiguas parejas hasta encontrar a Gayet. Por desgracia para el presidente galo, superar el juego tampoco garantiza recuperar la popularidad política.

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