* ATENCIÓN: INCLUYE SPOILERS DEL CAPÍTULO 6X19 DE EL ALA OESTE DE LA CASA BLANCA

Foto: Andrew Harrer/Bloomberg via Getty Images

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En una alborotada comparecencia, Toby Ziegler, secretario de Prensa durante la última etapa de la Administración Bartlet, se ve obligado a responder a esta pregunta: “En un mundo sin Castro, ¿Cuba ya no estaría en la lista de estados terroristas?” Estamos en julio de 2016 y Cuba ya no sólo no está en esa clasificación sino que el escenario que dibujaba la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca ha sido más que superado.

De nuevo, las similitudes entre la Casa Blanca de Obama y la que recreó Aaron Sorkin se han vuelto a hacer patentes con el acercamiento a Cuba. Estos días hemos visto como se ha reabierto la Embajada cubana en Washington y, en agosto, los Estados Unidos continuarán este proceso con el izado de la bandera americana en su edificio diplomático de La Habana.

Llegado a este punto, conviene recordar esta reflexión de Leo McGarry en la recta final del segundo mandato de Bartlet: “Nosotros tenemos la capacidad de cambiar más cosas en un día en la Casa Blanca, que en toda nuestra vida desde que salgamos de ella. ¿Qué hacemos con estos días?”

Ya sin la presión de la reelección, Bartlet intentó normalizar las relaciones con la isla caribeña como vimos en el capítulo 19 de la sexta temporada titulado ‘A 90 millas de distancia’ donde su ex jefe de Personal, Leo McGarry se entrevistaba con Fidel Castro en la casa de Ernest Hemingway en Cayo Hueso.

El momento político que describió la serie coincide con el actual, y vuelve a resumirse en otra fase de McGarry: “Es hora de mirar más allá de las elecciones”. Obama sabe que su tiempo se está acabando y ha decidido aprovechar su momento para buscar soluciones a problemas enquistados como son las relaciones con Cuba e Irán.

Al igual que en la serie, el acercamiento coincide también con las primarias previas a unas elecciones presidenciales. En el lado republicano, el debate suscitado por el deshielo ha entrado de lleno en campaña puesto que dos de los candidatos son de origen cubano: el senador por Florida, Marco Rubio, y el senador por Texas, Ted Cruz. A ellos, hay que sumar a Jeb Bush quien fue gobernador del Estado de Florida, principal refugio de los exiliados y la oposición al régimen de los Castro. Todos ellos ya han rechazado las nuevas relaciones entre Estados Unidos y Cuba, lanzando proclamas anticastristas que suenan a música celestial para el lobby cubano, muy influyente en Florida, uno de los estados claves. Mientras que Hillary Clinton y el resto de aspirantes demócratas han cerrado filas en apoyo a Obama. De hecho, Clinton ha tratado de rentabilizar la apertura alegando que cuando fue Secretaria de Estado ya se mostró partidaria de suprimir la línea dura en las relaciones con Cuba.

Tras medio siglo desde que en 1961, el presidente Kennedy firmase el decreto del embargo que todavía hoy impide el consumo de productos cubanos en Estados Unidos, decenas de directores y guionistas han recreado las relaciones entre los dos países. Ahora se abre una nueva etapa, que sin duda será llevada a las pantallas dada la trascendencia histórica de lo que parece el principio del fin del bloqueo a Cuba.

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