*Incluye Spoilers de la tercera temporada de Veep (capítulo 9)

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DeVito acerca un cajón al atril / Whitney Curtis – Getty Images

 

Hace unos días el actor Danny DeVito apoyó públicamente a Bernie Sanders en su candidatura para la Presidencia de los Estados Unidos por el partido demócrata en un acto en San Luis. DeVito, que mide 1,47 metros, recurrió a un cajón para así poder alcanzar el micrófono del atril. Esta curiosa imagen en las primarias norteamericanas, además de remontarnos al histórico Speaker’s Corner del Hyde Park londinense, hace un involuntario guiño  a la comedia política Veep.

 

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Gary Walsh, asistente de Selina Meyer porta el cajón para los actos 

En el penúltimo capítulo de la tercera temporada, y también en plenas primarias, el equipo de Selina Meyer decide que la vicepresidenta se suba a un cajón de aspecto rústico para atraer la atención en los actos en la calle y destacar pese a su 1,60 de estatura. La idea para ser un buen complemento perfecto para una serie de encuentros con los votantes a los que Meyer interpela con un megáfono desde su improvisado púlpito callejero.  Pero como casi todo, la idea acaba volviéndose en contra de la campaña al hacerse público que dicho cajón costó 1.200 euros y fue reforzado con titanio para evitar que se hundiera.

 

Ambas situaciones ponen de manifiesto una de las preocupaciones habituales en las intervenciones públicas de muchos líderes políticos: el temor a que una estatura reducida empequeñezca la imagen  de quién se supone que debe ofrecer liderazgo y firmeza.

 

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Sarkozy durante un discurso/ AP

Y como resultado, todos recordamos las imágenes del francés Nicolás Sarkozy subido a un pequeño escalón, los zapatos de tacón de Silvio Berluscon, las alzas del José María Aznar o las ‘plataformas’ que luce la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría (atención a las que lució en el debate a cuatro de la última campaña electoral españolas), por citar sólo algunos ejemplos recientes. Está claro que ni DeVito ni Meyer son los únicos obsesionados con la baja estatura. Tampoco ayuda el recuerdo del mito ‘del pequeño gran hombre’ en torno a la altura de Napoleón, pese a que logró construir un imperio con su 1,68 metros. Los prejuicios y los estereotipos llegan a obsesionar a las figuras públicas y a sus asesores. No olvidemos la cara de Josh Lyman al ver con horror cómo el presidente Bartlet empequeñecía al lado de John Goodman cuya figura ocupaba toda la atención en la sala de prensa de la Casa Blanca.

 

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