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  • CONTIENE SPOILERS DE HOUSE OF CARDS

 

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Pedro Sánchez en rueda de prensa. Foto: Flickr PSOE

Final de la cuarta temporada de House of Cards. “Así es, no cedemos al terror. Nosotros somos el terror“. Son las palabras de Frank Underwood mientras contempla desde la sala de operaciones como terroristas degüellan a un rehén americano. A este punto se ha llegado tras una conversación entre Claire y Frank donde asumen que con todo en contra sólo tendrán una oportunidad si ponen patas arriba el tablero. Igual que Pedro Sánchez al frente del PSOE,  salvando las distancias. Sabe que sólo tendrá futuro político si llega a La Moncloa y por ello ha retado a los que llevan meses poniéndole palos en la rueda a que se enfrenten públicamente con él y que sea la militancia quién decida. Así, la solución que plantea Sánchez, amparándose en el derecho al voto de los afiliados, es que si hay una parte de su partido que vería con buenos ojos la abstención del PSOE para permitir un gobierno de Rajoy, esa parte tiene que defenderlo y someterlo al escrutinio de sus compañeros de partido.

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Cartel promocional de House of Cards basado en la imagen electoral del PSOE.

Con casi un año de bloqueo político en España y apenas dos días después de las elecciones en Galicia y Euskadi, el líder de los socialistas españoles ha cambiado el poker por la ruleta rusa subiendo la apuesta a vida o muerte. Como Frank Underwood a lo largo de toda la serie, Pedro Sánchez ha caminado desde que accedió a la dirección del PSOE por el filo del precipicio.

A ambos los hemos visto apostando fuerte, encajando golpes y derrotas electorales, aguantando crisis internas más o menos soterradas para levantarse una y otra vez. En los dos años ha demostrado manejar con habilidad los tiempos, determinación y resistencia, sobre todo ante la adversidad. Por eso, merece la pena recordar ese cartel electoral del PSOE con la cara del personaje interpretado por Kevin Spacey con que Netflix empapeló Madrid para promocionar la serie.

Al igual que Underwood, Sánchez es un ave fénix y maneja a la perfección una de las mejores armas de la comunicación política: la anticipación. En política y sobre todo a la hora de construir un relato, llevar la iniciativa es clave. Construyes tú visión amoldando las circunstancias a tus circunstancias dejando a tus adversarios a la defensiva y normalmente a contrapie. No basta con anticiparse también con administrar los tiempos y una cierta capacidad de sorpresa. A día de hoy es un púgil en pie que espera rival para la batalla decisiva.

 

 

El túnel en el que la política española lleva atascada casi un año parece que empieza un año. Con un escenario dibujado por un Gobierno en funciones desde hace más de 200 días, dos elecciones generales con resultados similares y un parlamento sin mayorías absolutas, ha sido el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien ha dado un paso importante para romper el bloqueo institucional.

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Albert Rivera quiere dirigir el debate político hacia la corrupción. Foto: @CiudadanosCs

Rivera presentó el martes 9 de febrero una serie de condiciones para negociar un acuerdo de investidura que Rajoy someterá a la dirección de su partido. De esas seis condiciones, cuatro están directamente relacionadas con la corrupción política, que según el último informe del CIS, sigue siendo percibido por los españoles como uno de los tres principales problemas del país.

¿Por qué Ciudadanos centrará la negociación de un Gobierno del PP casi exclusivamente en y deja de lado otras banderas como una reforma constitucional, un pacto de Estado por la educación o la eliminación de las Diputaciones Provinciales? La respuesta la encontramos en la teoría de los tres recuadros de Josh Lyman, una lección magistral de comunicación política condensada en un minuto de la séptima temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca.

La hipótesis se plantea de la siguiente manera: “La gente cree que una campaña consiste en dos respuestas opuestas a una misma pregunta y no es así. Se trata de luchar por la pregunta adecuada”. Acto seguido expone la teoría de los tres recuadros, uno con los temas donde es fuerte nuestro adversario, otro con los asuntos en los que nos imponemos y un tercero con lo trivial, aquello que no se puede controlar durante una campaña. La victoria llegará si te mantienes en tú recuadro.

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Fotograma de los recuadros de Josh Lyman

En el fondo, no es más que una reformulación del concepto clásico de la agenda setting y la teoría del establecimiento periodístico de temas. ¿Elegir de qué se habla y de qué no se habla? Eso es lo que trata de hacer Rivera, mantener el control sobre un discurso que le favorece. Es indudable que los ‘nuevos partidos’ (Ciudadanos y Podemos) en España han crecido como consecuencia de una crisis de credibilidad de la clase política sin precedentes, por la incapacidad de soluciones ante la caída de la economía y los continuos escándalos que salpican a los partidos tradicionales. El Partido Popular está especialmente señalado por la corrupción, de hecho el propio PP como partido está imputado en varias causas siendo la más grave la supuesta destrucción de los ordenadores del ex tesorero Luis Bárcenas.

Por el contrario, los españoles tienen una buena imagen de Ciudadanos y valoran positivamente sus iniciativas contra la corrupción y la firmeza a la hora de exigir responsabilidades  como se demuestra en la Comunidad de Madrid o en Andalucía. De hecho, a las puertas del pasado 20D una encuesta de Sigma Dos para El Mundo consideraba a Ciudadanos como el partido que más adecuadamente está luchando contra la corrupción. Y es en ese terreno, donde Rivera puede hacer más daño a Rajoy. Lo intentó durante el debate a cuatro acosando al presidente en funciones con el caso Bárcenas y ha seguido en esta línea tras las elecciones de junio, deslegitimando a Rajoy para presidir el Gobierno por su supuesta vinculación con los casos de corrupción.

Ahora, Albert Rivera ha dado un paso adelante. Se arriesga a entrar en arenas movedizas pero al menos quiere controlar de lo que se habla. Si el PP acepta, y aceptará, crear una comisión de investigación en el Congreso sobre su presunta financiación ilegal o debatir la eliminación de los aforamientos, como le exige Ciudadanos, implícitamente aceptará que la corrupción siga centrando el debate político y llenando páginas de periódicos. A ello habrá que sumar los juicios que se avecinan de las operaciones Gürtel o Púnica con un desfile de ex altos cargos del Partido Popular por los banquillos de la Audiencia Nacional. Con estos ingredientes propicios para arañar votos, la formación naranja prepara ya la próxima campaña electoral intentando jugar el partido en su terreno y, sobre todo, sin salirse de su recuadro ganador.